Domina le da brutal handjob a esclavo con sonidos obscenos
El pobre cabrón llevaba días con el culo apretado dentro de esa jaula de metal, rogando por un toque que le sacara de la tortura de no correrse. Ella apareció con esos guantes negros ajustados, oliendo a poder y a perfume barato, y sin mediar palabra le agarró la polla flácida entre los dedos. El primer tirón fue seco, casi cruel, y el esclavo gimió con la boca abierta mientras la Domina le susurró al oído que solo ella decidía cuándo y cómo saciarlo. Los sonidos de los fluidos mezclándose con el crujido del látex llenaron la habitación cuando su mano experta empezó a trabajar con movimientos rápidos y precisos, dejando el glande rojo y brillante de tanto frote. Entre patadas de placer, el pobre idiota intentó mover las caderas pero las correas se lo impidieron, sintiendo cómo la jaula le impedía incluso respirar con normalidad. Ella aprovechó para burlarse de su sufrimiento, apretando el cuello de la polla con los dedos y haciendo que los testículos se le subieran hasta casi ahogarlo en su propio deseo. El sonido del líquido preseminal goteando en el suelo de madera mezclado con los gruñidos del esclavo era música para sus oídos, pero ella no pensaba dejarlo correrse todavía. Con un movimiento brusco, le soltó la jaula y se la clavó en el perineo mientras le ordenaba que aguantara la respiración, sintiendo cómo el metal frío le rozaba las bolas doloridas. La estimulación con la Hitachi en el clítoris del esclavo —sí, tenía uno tatuado ahí— fue la gota que colmó el vaso, haciendo que su cuerpo se arqueara como un arco eléctrico mientras la leche salía disparada en chorros espesos y calientes que le mancharon la mano, los muslos y hasta la pared blanca detrás de ellos. Ella se limpió con calma en los pantalones del pobre desgraciado, dejando un rastro de semen seco antes de soltarle una bofetada que le hizo sangrar por el labio. 'Esto es lo que pasa cuando os creéis con derechos', le escupió mientras se alejaba con esos tacones de aguja resonando en el suelo, dejando al esclavo temblando, humillado y con la polla aún palpitando de necesidad.