La domina tatuada te domina con esos tacones
La puta tatuada se ajusta el corsé negro mientras te mira con esos labios carnosos pintados de rojo oscuro, los tacones de aguja repiqueteando contra el suelo de mármol. Te ordena con voz firme que te arrodilles delante de sus tetas falsas pero bien duras, esas que parecen de silicona pero se mueven como si fueran de verdad cada vez que respira hondo. Sin decir ni una palabra más, te agarra la cabeza con sus uñas pintadas de negro y te clava su coño depilado contra la cara, obligándote a lamerle el clítoris hinchado mientras te escupe órdenes sucias en el oído. La muy cabrona sabe que no puedes correrte, que tiene el control total aunque tú solo quieras enterrar tu polla entre sus nalgas apretadas y empotrarla hasta hacerla gritar. Cada vez que intentas tocarte, ella te aparta la mano con un manotazo y te recuerda con voz melosa que hoy ella decide cuándo y cómo te corres, si es que te dejas. Te obliga a chuparle los pezones duros como piedras mientras sus gemidos ahogados llenan la habitación, esa voz de diosa dominante que te tiene más duro que una piedra bajo su tacón de aguja. No tardas en notar cómo su aliento se vuelve más pesado, cómo sus muslos tiemblan contra tus sienes, pero justo cuando crees que va a soltar su leche caliente sobre tu lengua, se aparta con una risa burlona y te deja con la polla palpitante y la boca llena de su sabor salado. La muy zorra se masturba con los dedos mientras te observa de reojo, disfrutando de tu frustración, hasta que por fin decide que mereces un premio: te ordena que te la folles contra la pared, empalándola con cada embestida hasta que su culo rebota contra tu pelvis y sus gritos llenan el aire. El último empujón es brutal, ese que le hace arquear la espalda y soltar un chorro de leche espesa sobre tu vientre mientras tú no puedes aguantar más y te corres dentro de ella con un rugido que resuena en todo el apartamento.