La puta esclava adora lamer botas de tacón grueso
La rubia de piernas largas llegó con su uniforme de esclava bien ajustado, unos tacones de aguja que crujían cada vez que se arrodillaba frente a su dueña. La maldita puta sabía que hoy la iban a humillar bien duro, con esos botines negros de charol que brillaban como la leche condensada bajo las luces del estudio. Nada más verlos se le puso la polla dura al macho sumiso que la acompañaba, pero lo peor era que a ella le encantaba babear sobre el cuero frío mientras le lamía las costuras con la lengua bien afuera. La dominatrix no perdió el tiempo y le dio una patada en el culo desnudito para que se acercara más, sus tetas rebotando con cada paso torpe que daba la pobre sumisa. Cuando por fin pudo agarrar el botín con las dos manos, empezó a chupar la punta del tacón como si fuera la cabeza de un pene, sus gemidos ahogados llenando el cuarto mientras se corría de solo pensar en lo puta que era. La dueña no se contuvo y le escupió en la cara antes de obligarla a lamerle las botas de pies a cabeza, desde el talón hasta los dedos, mientras le gritaba que era una perra sinvergüenza que solo servía para eso. La esclava no podía más, con la saliva resbalando por sus labios y el coño empapado de solo imaginarse siendo usada como un trapo humano bajo esos tacones que la aplastaban al caminar. La dominatrix la agarró del pelo y le metió el tacón en la boca hasta que casi se atragantó, obligándola a tragar parte de su propio baboso antes de soltarla para que siguiera lamiendo. Cada vez que el cuero rozaba sus pezones duros, la puta gemía más fuerte, sabiendo que su dueña solo quería verla sufrir mientras se humillaba por completo. Cuando por fin le ordenó que se quedara quieta de rodillas, la dominatrix le pisó los dedos con el tacón, aplastándoselos hasta que la pobre esclava lloriqueó como una cría, pero con la polla del macho sumiso goteando pre-semen de solo verla así. La escena terminó cuando la dueña le escupió en la cara otra vez y le escupió en los botines, dejando marcas blancas sobre el cuero negro mientras la puta gemía sin poder evitarlo, con las nalgas enrojecidas y el coño más mojado que nunca.