Viejo esclavo recibe castigo con pies de su dominatriz
Llevaba días arrodillado frente a ella, con los ojos clavados en esos tacones negros que le hacían babear solo de mirarlos. La putita de tetas caídas pero bien duras se quitó las botas despacio, dejando al descubierto unos pies blancos y perfectamente depilados que olían a perfume barato y sudor excitado. Con una sonrisa de superioridad, le escupió en la cara mientras le ordenaba: 'Lame estos pies, pedazo de mierda, antes de que te los meta en la boca'. Él no dudó ni un segundo, pegó su lengua áspera sobre los dedos de ella, sintiendo el sabor salado y la presión de las uñas rojas clavándosele en el cuero cabelludo. Ella le clavó el tacón en el pecho para empujarlo contra el suelo, mientras le repetía: 'Así me gusta, que te revientes lamiendo mis pies sucios'. El viejo esquelético no podía creer que una zorra de dieciocho años con esos tacones lo tuviera a sus pies, literalmente, chupando y mordisqueando cada dedo como si fuera su última comida. Mientras tanto, la dominatriz se quitó el vestido ajustado, dejando al aire unas tetas flácidas pero enormes que se balanceaban con cada movimiento brusco, y le escupió en la boca abierta: 'Chupa mis tetas, esclavo, que te voy a dar de comer lo que mereces'. Él tragó saliva y se abalanzó sobre esos pezones arrugados, mordisqueándolos mientras ella le agarraba la cabeza con fuerza y le restregaba la cara contra su entrepierna, llena de jugos que ya le empapaban el tanga. 'Vas a correrte solo con esto', le susurró al oído mientras le frotaba los pies en la entrepierna, sintiendo cómo el viejo empezaba a gemir como un cerdo en celo, con la polla dura como una roca aunque no le quedaba ni gota de dignidad. Cuando por fin la dominatriz le ordenó que se corriera en sus pies, él no pudo contenerse: un chorro espeso y caliente le cubrió los dedos mientras ella reía y le pisaba la verga flácida con saña, dejándolo tirado en el suelo, exhausto y completamente humillado. Pero lo peor aún estaba por llegar: la zorra le arrancó los pantalones y se sentó sobre su cara, aplastándole la nariz con el culo sudado mientras le gritaba: 'Respira por el coño, esclavo, que hoy te vas a enterar de lo que es una mujer de verdad'.