El chico del campo la provoca con su polla pequeña
Te lo trajo al campo solo para reírse de ti, pero esa verga diminuta es lo único que logras mirar mientras se desabrocha los pantalones, riéndose como si supiera que esto está mal, que no deberías ni tocarla, mucho menos chuparla. Sientes cómo el calor te sube al rostro cuando la agarras, apenas un manojito de carne que ni siquiera llena tu mano, pero algo en su mirada, en cómo se muerde el labio, te hace cerrar los ojos y pasarle la lengua como si fuera un pecado. Sabes que no debería excitarte, que deberías dejarlo y salir corriendo, pero cuando se arrodilla y te baja los jeans, el aire frío en el coño mojado te quita el sentido. Escuchas su risa burlona justo antes de que la boca se cierre alrededor de tu clítoris y maldices en voz baja, sintiendo los dedos torpes pero insistentes entrando donde no deberían, como si supiera exactamente qué hacer para que olvides que esto no es correcto. Cada lamida, cada mordisco, te acerca más al borde de algo que no quieres admitir, con sus gemidos ahogados entre tus piernas mientras te corre un orgasmo que no puedes contener. Cuando termina y te mira con esa sonrisa de 'lo sabías', ves que él tampoco puede creer que lo dejaste llegar tan lejos.