Picnic romántico termina en follada salvaje en el jardín
Ella llegó con una canasta llena de frutas y vino, pero lo que realmente quería era sentir esa polla dura entre sus piernas. Desde que lo vio sudando en el gimnasio, no podía dejar de imaginarse cómo sería montarlo como una perra en celo. Él, sin sospechar nada, extendió la manta bajo el árbol y sirvió el champán, pero ella ya estaba mojada, con el coño palpitando de anticipación. Cuando se inclinó para recoger una uva, él aprovechó para meterle la mano por debajo del vestido y sentir cómo su tanga estaba empapado. Ella gimió fuerte, arqueando el culo hacia atrás, y él no perdió tiempo en bajarle las bragas y meterle los dedos hasta el fondo. La puta empezó a chuparle la polla con desesperación, pasando la lengua por toda la punta antes de tragársela entera. Él la empujó contra el suelo, levantándole las piernas y embistiéndola con fuerza mientras ella gritaba de placer. Cada vez que le clavaba la verga hasta el fondo, ella sentía que se iba a correr, pero él no paraba, follándola como un animal hasta que al final le llenó el coño con un chorro caliente. Quedaron tirados en la hierba, jadeando, con el cuerpo sudado y el olor a sexo flotando en el aire.