Polaca cachonda se deja empotrar por su alumno negro
La profesora de matemáticas polaca siempre le echaba miraditas a ese negro grandote que tenía de alumno, pero nunca imaginó que él iba a atreverse a agarrarle el culo en plena clase después del timbre. Él le susurró al oído que si no le dejaba chuparle la polla antes de que llegaran sus otros compañeros, se iba a correrle en el culo de golpe sin avisar. Ella, con los pezones duros como piedras y el coño empapado desde que lo vio entrar con esa camiseta ajustada, no pudo resistirse y lo arrastró al baño de maestros donde la puerta ni siquiera tenía seguro. Allí, entre el olor a lejía y el eco de los gritos de los niños en el pasillo, él la empujó contra el lavabo y le bajó los pantalones de un tirón, dejando al descubierto unas nalgas redondas y temblorosas que le pedían a gritos ser empotradas. La polla negra y gruesa le rozó el clítoris antes de hundirse hasta el fondo, arrancándole un gemido ronco que quedó ahogado por el ruido de la campana que anunciaba el cambio de clase. Ella se agarraba al espejo con las uñas pintadas de rojo mientras él le metía los dedos en la boca para que callara, pero los jadeos se le escapaban igual, mezclados con los chasquidos húmedos de su coño devorando cada embestida. El negro le gruñía al oído que quería llenarle el útero de leche caliente antes de que alguien entrara y los descubriera, así que aceleró el ritmo, haciendo que sus caderas chocaran contra el lavabo hasta que el espejo tembló. Cuando sintió que se le venía el orgasmo, ella se corrió gritando su nombre entre dientes, sintiendo cómo su verga pulsaba dentro mientras le disparaba chorros espesos que le resbalaban por las piernas hasta el suelo del baño, donde se mezclaban con el semen que ya goteaba de su coño bien follado.