El novato joao alves obedece al macho dominante
Su polla gruesa y sus órdenes ásperas dejaban claro quién mandaba aquí. Joao Alves, con los ojos bien abiertos, se arrodilló obediente mientras Enzo le señalaba cada movimiento. La primera lamida fue torpe, pero la lengua del novato pronto aprendió el ritmo que el otro exigía. Las manos de Enzo agarraban su cabeza, guiando los labios hasta que la verga entera desapareció en su garganta. Joao ahogaba gemidos entre arcadas, las lágrimas cayendo mientras suplicaba permiso para respirar. Cada vez que aflojaba, el macho le empujaba más adentro, hasta que los dedos se enredaban en su pelo tirando con fuerza. El novato se corría solo de la humillación, temblando bajo la mirada fría que le ordenaba limpiar cada gota. Enzo sonrió satisfecho, sabiendo que la próxima vez le haría comer su leche sin poder ni tragar. Seguro, la próxima vez le obligaría a tragar sin respirar, o peor, a pedirlo él mismo.