Joven sumiso se corre tras ser empotrado por macho mayor
El chico flaquito no podía ni pestañear cuando Lance, ese macho de traje ajustado y mirada dominante, le agarró del cuello con una mano mientras con la otra le bajaba el culito del short deportivo. La verga gruesa y lisa del madurito ya le rozaba el agujero mojado antes de que el novato siquiera pudiera gemir, y solo atinó a tragar saliva mientras sentía cómo le metían los dedos sudados por el culo sin piedad. Cada embestida le arrancaba un chillido agudo que se le ahogaba en la garganta cuando Lance le susurra al oído que va a llenarle las entrañas hasta que le rebose por las bolas, y el chico no pudo hacer más que asintiendo con la cabeza mientras se le ponía la piel de gallina. La polla caliente y palpitante se le clavó hasta la raíz en el primer envite, y el sonido húmedo de los cuerpos chocando llenó el cuarto mientras el joven se aferraba a las sábanas con los nudillos blancos. Lance le sujetó las caderas con fuerza de hierro y comenzó a empotrarle sin piedad, cada movimiento profundo y brutal arrancándole gritos que se le escapaban entre los dientes apretados, con las nalgas temblorosas de tanto placer y dolor mezclado. El chico no aguantó ni un minuto antes de que el madurito le agarrara la verga palpitante y se la menease bruscamente mientras le gruñía que se corriera en su cara, y el joven, con los ojos vidriosos y la boca entreabierta, obedeció al instante dejando caer chorros espesos sobre su propio pecho mientras Lance le empotraba hasta el fondo una última vez y le llenaba el culo de leche caliente que le quemaba por dentro. Cuando por fin lo soltó, el chico quedó tirado en el suelo, jadeando con la espalda pegajosa de sudor y semen, pero con una sonrisa tonta de satisfacción mientras se llevaba los dedos manchados a la boca para chuparse los restos de corrida que le habían quedado en los labios.