Fiesta de machos: pollas duras y culos ardientes en la orgía
La música estaba a todo volumen cuando los tipos empezaron a quitarse la ropa, las pollas ya duras antes de que nadie las tocara. Uno de ellos, con una verga gruesa y venosa, agarró al más cachondo y le metió la lengua hasta la garganta mientras le sobaba el culo. Los gemidos resonaban en la habitación, mezclados con el sonido de piel chocando contra piel. Otro tipo se arrodilló y empezó a chupar una polla como si no hubiera mañana, tragando hasta el fondo mientras el dueño de la verga le agarraba el pelo con fuerza. Las manos volaban por todas partes, acariciando culos, apretando tetas, frotando pollas que ya goteaban de lo excitados que estaban. Uno de ellos, con el culo bien abierto, se dejó empotrar por detrás, gritando cada vez que el otro le clavaba la polla hasta el fondo. Las embestidas eran brutales, el sonido de carne golpeando carne se mezclaba con los jadeos y los gemidos de placer. Uno de ellos se corrió en la cara del otro, pintándole la boca con su leche espesa mientras el resto seguía follando como animales. Al final, todos estaban cubiertos de sudor, semen y saliva, exhaustos pero satisfechos después de esa noche de puro vicio.