Manuel desafía al paso hijo a ver quién aguanta más
Masturbándose con furia, Felix se retuerce sobre la cama mientras Manuel lo observa con una sonrisa de superioridad, la polla ya durísima porque sabe que hoy le va a enseñar lo que es follar de verdad. El adolescente, con las nalgas enrojecidas de tanto azotarse solo, no aguanta más y se pone a cuatro patas, gimiendo cuando Manuel le clava los dedos en la espalda para obligarlo a arquearse. La polla del padrastro, gruesa y venosa, se hunde de golpe entre esos muslos jóvenes, el culo apretado de Felix cediendo con un sonido húmedo que los hace gemir a los dos. Cada embestida es una demostración de poder, Manuel clavando las uñas en las caderas del chico mientras lo empotra contra el colchón, los testículos chocando contra su piel sudorosa. Felix, con los labios entreabiertos y los ojos vidriosos, no puede evitar chuparse los dedos mientras la polla de su padrastro lo parte en dos, el placer mezclándose con ese dolor que lo vuelve loco. Las embestidas se vuelven más brutales, Manuel gruñendo como un animal cuando la polla entra hasta las pelotas, los sonidos obscenos de piel contra piel llenando el cuarto. Felix, ya sin aliento, se agarra la verga con una mano y se masturba al ritmo de las embestidas, sintiendo cómo la corrida le sube por la polla mientras Manuel lo sigue penetrando con furia. Cuando por fin se corre, el padrastro no se detiene, sigue martillando ese culo hasta que Felix grita, el semen escapándosele entre los dedos temblorosos. Manuel se aparta con una sonrisa de satisfacción, viendo cómo Felix queda temblando, la cara empapada de sudor y la polla todavía dura, sabiendo que ha ganado esta ronda.