John Gay apuñala ese culo gordo y jugoso con su verga gruesa
John Gay no podría quitar los ojos de esa redondez carnosa que se meneaba frente a él en el bar, retándolo con miradas de desafío. La muy puta le había dicho que ni en sus sueños le alcanzaría para llenar su culo apretado, y eso prendió algo en él. Sin perder un segundo, John la arrastró a su auto y en el estacionamiento oscuro le bajó los jeans hasta las rodillas, dejando al descubierto esas nalgas prietas y húmedas que pedían castigo. La embistió de una sola vez, hundiendo su polla entera de golpe, arrancándole un grito que mezclaba dolor y placer. Cada embestida hacía que el culo de ella se contrajera alrededor de su verga, como si tratara de ahogarla, pero John no cedía: le agarraba las caderas y la empotraba contra el vidrio empañado, sintiendo cómo sus pelotas chocaban contra ese ano rebelde. Ella gemía, suplicando más, pero él sabía que estaba disfrutando cada segundo, así que la volteó para ver cómo su rostro se retorcía entre el placer y el desafío. Cuando se corrió dentro de ella, John sintió que todo el estacionamiento temblaba con los gritos de satisfacción de su conquista. Y cuando salió, vio que ella sonreía con complicidad, sabiendo que había ganado la apuesta, pero que él se había llevado algo mucho mejor: la certeza de que podía hacerla gemir como una puta en celo. La expresión de John al verla levantarse, ajustándose la ropa con esa sonrisa triunfante, era de pura satisfacción masculina.