Desperté temprano y no pude aguantar más
El sol apenas asomaba cuando se levantó de la cama con la polla dura como un palo, palpitando entre sus piernas al recordar las imágenes del sueño que lo dejaron con la ropa interior empapada. Se acercó al espejo del baño y se masturbó con fuerza, agarrándose la verga con los dedos resbaladizos hasta que el líquido espeso le corrió por los nudillos mientras gruñía como un animal en celo. Las venas marcadas en el tronco le latían con cada jalón, y el prepucio se le corría hacia atrás dejando al descubierto la cabeza morada y brillante que le ardía de necesidad. Imaginó a ese chico del gimnasio, sudoroso y con el culo prieto, apretando sus nalgas contra su entrepierna mientras él le metía la polla hasta los huevos sin piedad. Los gemidos ahogados en su garganta se mezclaban con los golpes secos de sus caderas contra el lavabo, que temblaba con cada embestida brusca. Sintió el semen subirle por la espina como lava hirviendo, y antes de que pudiera contenerse, explotó en chorros gruesos que salpicaron el espejo y el piso mientras la habitación se llenaba de su olor a sexo y desesperación. La mano le temblaba al terminar, pero el alivio fue breve porque al instante ya imaginaba repetir la escena con otro desconocido en un callejón oscuro, donde nadie lo escucharía gritar. La cama seguía revuelta con las sábanas enredadas, y el olor a leche caliente inundaba el ambiente mientras se limpiaba con un trapo, pero el vacío en su pecho no se iba, porque sabía que esa no sería la última vez que despertara así, con la necesidad quemándole por dentro.