El padrastro la atrapó orinando en el bosque y la castigó como perra en celo
Agarras a tu hijastra Surwana entre los arbustos, su coño húmedo goteando mientras intenta mear, y sabiendo que nadie las verá, la arrastras sin piedad. Llevabas semanas mirándole el culo redondo cada vez que se inclinaba a lavabos, imaginando cómo gritaría con tu polla negra reventándole el ano, y ahora por fin la tienes jadeando bajo tus manos. La empujas contra un árbol, sintiendo su culo tembloroso apretarse cuando le metes los dedos en la boca para callarla, pero sus gemidos ahogados solo te excitan más. Con un tirón, le arrancas la ropa y la obligas a cuatro patas, tu verga gruesa presionando contra su ano virgen antes de empujar de una sola estocada, escuchando cómo chilla cuando te entierras hasta las pelotas. Sientes su calor sofocante envolviéndote mientras la embistes como un animal, sus nalgas rebotando contra tus caderas cada vez que la penetras hasta hacerle tocar el cuello del útero, el sonido de su piel golpeando la tuya llenando el bosque. Su coño palpitante gotea sin control, suculento y resbaladizo, mientras te la follas en doggy más duro de lo que nunca lo hizo Ashok, su gritos ahogados solo hacen que te corras más violento, llenándole el culo apretado con un chorro caliente que la hace convulsionar. No paras, la agarras del pelo y sigues embistiendo mientras ella suplica entre lágrimas, tu verga aún dura dentro de ella, sabiendo que nadie la limpiará de tu leche, que nadie la sacará de tu propiedad.