Encuentro sucio con la muñeca caliente en noche de halloween
La muñeca de ojos negros solo llevaba un tanga transparente y una sonrisa pícara cuando lo vio pasar en su moto... Su aliento a cerveza barata y su perfume a sudor mezclado con alcohol le picaron en la nariz mientras ella se acercaba arrastrando los pies, como si flotara. Él no pudo resistirse cuando sus dedos temblorosos le agarraron la polla por encima del pantalón, dura como una piedra y palpitando contra su palma sudorosa. La puta no perdió tiempo y se arrodilló en el suelo lleno de hojas secas, con el coño ya empapado pegajoso entre sus muslos, mientras le bajaba el cierre con los dientes. La punta gruesa de su verga brilló bajo la luz de la luna cuando ella se la metió hasta el fondo de la garganta con un gemido ahogado, tragando saliva y saliva mientras sus tetas enormes rebotaban contra su cara. Él la agarró del pelo y le empotró la polla hasta el fondo, sintiendo cómo su garganta se abría para tragar cada embestida con un sonido húmedo y obsceno. Ella se quitó el tanga de un tirón y se subió a horcajadas sobre su regazo, empalándose en su miembro sin piedad mientras él le chupaba los pezones duros como piedras y le mordisqueaba el cuello lleno de tatuajes. La sala olía a sexo barato y a sudor, con el sonido de sus cuerpos chocando como un tambor en medio de los gemidos de ella, que no paraba de gritar su nombre entre jadeos cada vez que él le llegaba al fondo del coño. Cuando él le dio la vuelta y la puso a cuatro patas sobre el sofá roto, ella solo pudo arquear la espalda y ofrecerle el culo, empapado y tembloroso, mientras él le escupía en el agujero y se lo metía de una sola estocada sin aviso. Los gritos de ella resonaron en las paredes mientras él la follaba como un animal, con las manos en sus caderas para clavársela hasta el fondo, sintiendo cómo su coño se contraía cada vez que la punta rozaba su punto más sensible. Cuando ella se corrió sobre su polla, el líquido resbaló por sus muslos y manchó el sofá mientras él le llenaba la boca de leche espesa, obligándola a tragar cada gota hasta que no quedó ni rastro. La limpieza fue lenta y sucia, con ella lamiéndole la verga flácida mientras él le escupía en la cara sin compasión, dejando marcas blancas en sus mejillas sonrojadas y en sus tetas sudorosas.