Secretos de parque: la morena me enloquece al aire libre
La morena llevaba un vestido ajustado que no dejaba nada a la imaginación cuando la vi sentada en el banco, mordisqueando un chicle con los labios pintados de rojo intenso. Se le escapó un suspiro mientras me miraba de reojo, como si supiera que llevaba semanas imaginando cómo sería arrancarle ese vestido con los dientes. Sin mediar palabra, me acerqué y le pasé la mano por el muslo, sintiendo la piel caliente y temblorosa bajo mis dedos. Ella separó las piernas al instante, dejando al descubierto el encaje negro de su tanga, ya empapado por el deseo. Me arrodillé frente a ella, le bajé la ropa interior de un tirón y hundí la lengua en su coño chorreante, escuchando cómo se le escapaban gemidos ahogados entre los dientes. La morena se aferró a mi pelo mientras le comía el coño, sintiendo cómo se le endurecían los pezones bajo la tela del vestido. De pronto, me apartó con un empujón suave pero firme y me empujó contra el árbol más cercano, bajándome los pantalones con urgencia. Me agarró la polla dura con las dos manos y empezó a pajearme con movimientos lentos y precisos, mientras me mordisqueaba el labio inferior. "Quiero que me empotres contra este árbol, cabrón", susurró con voz ronca, y no necesitó repetirlo. La levanté como si no pesara nada, le subí el vestido hasta la cintura y le clavé la polla de un solo empellón, escuchando cómo gritaba de placer al sentirme dentro. Las embestidas eran tan fuertes que el sonido de nuestros cuerpos chasqueando se mezclaba con los jadeos y los crujidos de las ramas. Ella se corrió primero, agarrándose a mis hombros y clavándome las uñas en la espalda mientras un chorro de leche le brotaba entre las piernas. Yo no aguanté más y le solté la leche caliente en la garganta, ahogándola con mi corrida mientras seguía empotrándola contra el árbol, sin darme cuenta de que los transeúntes podrían vernos. Pero en ese momento, solo existíamos nosotros, sus piernas temblorosas alrededor de mi cintura y mi polla enterrada hasta las bolas en su coño palpitante.