Mamita borracha empalada por dos negras bestias
La rubia con curvas de infarto llegó a la fiesta con ese vestido ajustado que le marcaba cada jodido centímetro de su culo prieto y esas tetas que rebotaban como locas al caminar. Desde el primer trago su coño ya estaba más mojado que el pantano, oliendo a lujuria pura mientras sus amigas le pasaban la botella de tequila de mano en mano. Dos negros de verga monstruosa no podían quitarle los ojos de encima, sobre todo cuando se agachó a recoger el móvil y les mostró sin querer ese coño rapado brillando bajo la luz tenue de la sala. Uno de ellos, con esa polla negra gruesa como un poste, le agarró la nuca y le metió la lengua hasta la garganta mientras le apretaba los pechos con fuerza, haciéndola gemir como puta en celo. El otro, con esa verga que goteaba pre-semen, se arrodilló frente a su cara y le restregó la cabeza contra los labios hasta que ella, sin pensarlo dos veces, se lo tragó entero chupando como si su vida dependiera de ello. Entre jadeos y saliva resbalando por su barbilla, la agarraron entre los dos y la tumbaron boca arriba en el sofá, con las piernas abiertas como una perra en celo. El primero se le montó encima en posición de vaquera, empalándola hasta las entrañas con cada embestida que le arrancaba gritos de dolor mezclado con placer, mientras sus tetas saltaban como locas al ritmo de los golpes. El otro, sin perder un segundo, le clavó su verga negra por el culo bien prieto, llenándola de tal manera que sentía cómo se le desgarraba por dentro pero sin poder parar de gritar que le diera más. Los dos la destrozaban al mismo tiempo, uno embistiéndola como animal en el coño y el otro sodomizándola sin piedad, mientras ella se corría una y otra vez empapando las sábanas con su leche espesa. Las corridas le explotaban por todos lados, primero en la boca donde le llenaron la garganta de semen caliente hasta que se atragantó, luego en el coño que recibió chorro tras chorro de leche negra hasta que se le salía por las piernas, y finalmente en el culo que quedó tan lleno que cuando se levantó le goteaba por los muslos. Entre sudor, gritos y cuerpos pegajosos de fluidos, los tres cayeron rendidos sobre el sofá, con ella completamente destruida pero con una sonrisa de puta satisfecha dibujada en la cara.