Esposa sin condón follando con desconocidos
La putita de la casa no aguantó ni un día más con el anillo en el dedo y el coño chorreando de ganas, así que salió disparada a un bar de mala muerte donde los machos sudados le prometieron pollas grandes sin protección. En cuanto el primero le levantó el vestido y le clavó los dedos entre las piernas mojadas, ella gimió como una perra en celo y se dejó empalar sin pensar en las consecuencias. El tipo le metió la verga hasta el fondo mientras le mordisqueaba el cuello, y ella se retorció de placer al sentir cada vena gruesa deslizándose dentro de su coño estrecho. Otro desconocido se acercó por detrás y le bajó el tanga de un tirón, dejando su culo al descubierto para que le escupieran saliva caliente y le abrieran el esfínter con los dedos antes de clavarle la polla sin piedad. Los gemidos llenaban el ambiente mientras la esposa no paraba de mover las caderas, buscando más profundidad, más dolor, más corrida dentro de sus entrañas sin barrera. La saliva le resbalaba por la barbilla al chupar la segunda verga, gruesa y venosa, mientras el tercero le apretaba los pechos con fuerza y le gruñía al oído que era una puta sin remedio. Cuando la primera corrida la dejó temblando, con el coño lleno de leche espesa y resbaladiza, los hombres no se detuvieron: la giraron boca abajo sobre la mesa, le levantaron las caderas y se turnaron para reventarle el culo con embestidas brutales. Ella chilló como una loca, con los dedos arañando la madera, mientras el líquido baboso le escurría por los muslos y le manchaba los zapatos de tacón. La tercera polla fue la que la dejó sin aliento, metiéndosela tan hondo que casi le toca el estómago, y cuando eyaculó dentro sin avisar, ella se corrió otra vez, esta vez con espasmos que le sacudieron todo el cuerpo desde los pies hasta la nuca. Los desconocidos no se cansaron hasta dejarla tirada en el suelo, con el coño y el culo bien abiertos, goteando leche por todas partes y los labios hinchados de tanto gemir sin freno.