Fitness cachonda chupa verga enorme hasta tragársela
Llevaba semanas con las mallas ajustadas marcando ese culazo que se le escapaba por todos lados, y hoy decidió que quería más que un simple entrenamiento. Se quitó el top sudando la gota gorda, dejando al aire esos pechos naturales que le rebotaban con cada movimiento de yoga, y la vi cómo se mordía el labio inferior con esa mirada de puta que no aguanta más. Antes de que pudiera decir ni pío, ya tenía mi polla dura en su boca, gruesa y palpitante como a ella le gusta, y empezó a chuparla con esos gemidos húmedos que me volvieron loco mientras sus tetas se balanceaban sin control. Le agarré de las trenzas para empujarla más profundo, sintiendo cómo su garganta se abría para tragarme entero y escupiendo saliva espesa que le resbalaba por la barbilla. En el espejo del gimnasio se veía su culo perfecto apretado contra el banco de pesas, redondo y duro como una roca, pidiendo a gritos que la empotraran de una vez. La giré sin piedad, le bajé las mallas hasta los tobillos y le metí la verga hasta el fondo, escuchando esos gritos ahogados que salían entre sus tetas sudorosas mientras sus piernas temblaban sin poder aguantar el ritmo. Cada embestida le sacudía el cuerpo entero, sus pechos rebotando salvajemente mientras yo le agarraba de las caderas y la embestía como a una perra en celo, sintiendo cómo su coño se empapaba más y más con cada golpe. Cuando por fin le solté la leche bien adentro, ella se corrió gritando mi nombre con la boca llena de babas y semen, dejando su cuerpo temblando sobre el banco como una muñeca rota. La dejé ahí, con la polla aún dura y goteando por las comisuras de sus labios, mientras se limpiaba con la mano y me miraba con esos ojos verdes llenos de lujuria para volver a empezar en cinco minutos.