Mujer madura se excita espiando a vecino cachondo
La curvilínea cuarentona llevaba días con los calzones empapados cada vez que lo veía pasar en camiseta ajustada... hasta que no pudo más y se dejó caer en la silla del balcón para masturbarse mirándolo fijamente. Sus caderas anchas se movían solas mientras se frotaba el coño peludo con los dedos, gimiendo tan fuerte que él giró la cabeza al instante, pillándola con las bragas rosas hecha un manojo de nervios y ganas. No tardó en tirarse encima de ella, empotrándola contra el respaldo del sofá mientras le arrancaba el tanga de encaje y le lamía el clítoris hinchado hasta hacerla chillar como una perra en celo. La mujer, con sus tetas naturales rebotando como gelatina, le suplicó que no parara de follarle el culo prieto y redondo con su polla gruesa que le estiraba las paredes del coño hasta hacerla babear. Entre jadeos le soltaba obscenidades, pidiéndole que la dejara más mojada, que le metiera los dedos en el agujero mientras le mordisqueaba los pezones duros como piedras y le azotaba el culo con cada embestida que la hacía sentir cada centímetro de su verga dentro. El orgasmo llegó como un maremoto, empapándole las piernas de leche espesa mientras él se corría dentro gritando su nombre y dejándola temblorosa, con el coño goteando y los muslos temblorosos, sabiendo que la próxima vez no la pillarían espiando... porque esta vez ella misma le iba a suplicar que la follara hasta dejarla sin aliento.