Fka y Angell se entregan a un deseo prohibido en la habitación
Angell no podía sacarse de la cabeza la idea de que esto estaba mal, pero cada vez que Fka la miraba con esos ojos, su coño se humedecía sin remedio. Sabía que no debían, que era un riesgo, pero cuando él deslizó su mano por debajo de su falda, ya no hubo vuelta atrás. Sus dedos gruesos se hundieron en su carne mojada, y yo gemí tan fuerte que temí que alguien nos escuchara, pero no me importó. Fka me empujó contra la pared, su polla dura presionando contra mi culo mientras sus labios devoraban los míos. Sentí cómo me levantaba de golpe, mis piernas alrededor de su cintura, y entonces me empotró contra la pared, clavándose hasta que cada embestida me hacía chocar contra el yeso. Sus gruñidos en mi oído, el sonido de su piel golpeando la mía, el olor a sudor y lujuria... todo era demasiado intenso. Cuando me corrió dentro, sentí el calor de su leche llenándome, y supe que esto no podía volver a pasar, pero ya estaba planeando la próxima vez. En el suelo, junto a la cama, quedó mi tanga roto, la prueba de lo que nunca debió suceder.