Nuevas putas cachondas follando sin parar en grupo
La habitación olía a sudor y coño mojado desde que llegaron, todas desnudas y con las piernas temblorosas esperando su turno para agarrar esa polla que tanto deseaban probar. La primera en lanzarse fue Lucía, una morena de caderas anchas que se agachó al instante, abrió bien la boca y se tragó hasta la mitad de la verga palpitante sin pestañear, mientras sus tetas rebotaban con cada movimiento de cabeza. Detrás de ella, Valeria no pudo resistirse y se tiró sobre su espalda, le agarró el culo a Lucía con ambas manos y empezó a lamerle el coño empapado con lengua voraz, haciendo que la morena gimiera con los labios sellados alrededor de la polla. Entre gemidos ahogados, Lucía soltó la verga para gritar: ¡Joder, qué rica está tu boca, chupala más fuerte! mientras Valeria hundía dos dedos dentro de su raja y los movía en círculos hasta que el flujo caliente le resbaló por los muslos. Entonces llegó el turno de la rubia, que se puso de rodillas frente a la polla aún dura y empezó a masturbarla con fuerza mientras se chupaba los dedos, mojados con los jugos de Valeria, y los introducía en su propia boca para saborearlos. Las tres se miraron con una sonrisa perversa y, sin decir nada, la morena se puso a cuatro patas en la cama, Valeria le abrió las nalgas con las manos y la rubia, sin perder tiempo, se lanzó a devorarle el culo con la lengua mientras Lucía le metía la verga por detrás, empotrándola con fuerza hasta que el sonido de las nalgas chocando contra la carne resonó en toda la habitación. Los gritos se volvieron incontrolables cuando la rubia metió dos dedos en el coño de Valeria y la morena se corrió con espasmos violentos alrededor de la verga, apretando tan fuerte que la dejó sin aliento, pero no le importó porque justo después la polla volvió a llenarse y terminó escupiendo su leche hirviendo dentro del coño de Lucía, que se retorció de placer al sentir el chorro caliente resbalando por sus muslos. Cuando por fin se dejaron caer exhaustas sobre las sábanas empapadas, todas quedaron jadeando, con los cuerpos pegajosos y los coños todavía temblando de tanto placer.