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Masaje de polla dura que la pone como loca

1:01 SD 5 Variados
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Estúdio Zaddydaddy54
Atores Zaddydaddy54

La primera vez que le vio la verga palpitando entre los dedos supo que iba a acabar más mojada de lo que nunca había imaginado. Él se acercaba con esa sonrisa pícara mientras sus dedos gruesos recorrían el tronco venoso de su polla, ya bien dura y brillante por el pre-semen que brotaba sin control. Ella no pudo evitar morderse el labio inferior al sentir cómo le temblaban las rodillas solo de imaginarse lo que le esperaba entre las piernas, pero cuando él le agarró el culo con fuerza y la atrajo hacia sí, el coño le ardía como si llevara horas empapada en deseo. Con un gemido ahogado, sus dedos se enredaron en el pelo de él mientras la punta gruesa de su verga le rozaba el clítoris, ya hinchado y palpitante, dejándola sin aliento. Él no perdió tiempo y le bajó las bragas de un tirón, dejándole el coño al aire, reluciente y listo para recibir cada centímetro de su carne dura como una roca. La primera embestida fue lenta pero profunda, arrancándole un jadeo que resonó en el silencio del cuarto mientras sus caderas se movían al compás de cada envite, haciendo que el sonido húmedo de sus cuerpos chocando se mezclara con los gemidos de ella, cada vez más fuertes. Él le sujetó las tetas con una mano y con la otra le apretó el culo para clavársela más adentro, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de su polla como un puño caliente y resbaladizo. Los sonidos de carne mojada llenaban el aire mientras él cambiaba el ritmo, pasando de embestidas lentas y profundas a otras cortas y brutales que le hacían arquear la espalda y gritar su nombre entre jadeos. Cada vez que la sacaba casi por completo, ella suplicaba con un quejido que no la dejara así, hasta que por fin, con un último empotramiento que la dejó sin voz, sintió cómo su leche espesa le inundaba el coño, quemándola por dentro mientras sus contracciones la hacían temblar de arriba abajo. Cuando por fin se dejó caer contra su pecho, sudorosa y satisfecha, solo atinó a susurrarle al oído lo bien que le había dejado la polla, aún palpitante y caliente entre sus muslos, mientras él le mordisqueaba el cuello con una sonrisa de satisfacción.

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