Cuatro putas tiernas jugando mesa con pollas
Las cuatro morritas llegaron a la fiesta con shorts tan cortos que se les veía el coño al respirar y camisas que apenas tapaban los pezones. No tardaron en sentarse en la mesa de póker con las piernas abiertas, mostrando sus tangas empapados sin pudor alguno. Él no pudo resistirse al ver cómo se lamían los labios entre risitas mientras repartía las cartas, pero lo que más lo encendió fue cuando una de ellas se agachó a recoger un dado y le rozó la verga con los pechos desbordados. En menos de un minuto ya tenían las manos metidas en los pantalones de los chicos, sacando pollas duras como rocas mientras gemían pidiendo que las llenaran. Una se tiró de espaldas sobre la mesa, con las tetas rebotando al ritmo de sus gemidos, mientras otra le chupaba la verga hasta dejarla brillante con su saliva caliente. Dos más se besaban con lengua, mordiéndose los labios y sobándose los coños sobre los jeans ajustados, hasta que uno de los chicos no aguantó más y la embistió contra la pared, haciendo que el mueble temblara con cada empujón. Los gritos de placer ahogados entre los naipes y las risas llenaban la sala mientras las tetas rebotaban sin control, los culos se agitaban al compás de las embestidas y los coños chorreaban de excitación. Él no pudo evitar correrse en la boca de la que le chupaba, escupiendo chorros gruesos que le resbalaban por la barbilla, mientras las otras dos se besaban con desesperación, sintiendo cómo sus cuerpos se sacudían al unísono. La mesa quedó llena de semen, saliva y sudor, con las cuatro putas jadeando entre los restos de la partida, pero aún con ganas de más. No importaba si seguían jugando o no, porque ya habían convertido la mesa en su propio puto campo de follar.