Mi hermanastra entró a mi cuarto y terminamos follando como animales
Fue una tarde calurosa cuando mi hermanastra entró de repente a mi habitación sin golpear, solo con un short minúsculo que apenas cubría su culo prieto y un top transparente que dejaba ver sus pezones duros. No podía creer que estuviera parada frente a mí, mordiéndose el labio mientras sus ojos bajaban a mi entrepierna, donde mi polla ya empezaba a hincharse contra el pantalón. Sin decir una palabra, se acercó y se arrodilló, arrancándome el pantalón con desesperación antes de meterse mi verga dura hasta la garganta, chupando con tanta fuerza que casi me hace explotar. Agarré su melena suelta y la empujé más contra mi cara, sintiendo cómo su lengua recorría cada vena de mi polla mientras gemía con el coño goteando. La levanté de golpe, la tiré sobre mi cama y le arranqué el short, dejando al descubierto su chocho rosado y bien mojado, brillando de puro deseo. La puse en cuatro patas, le separé las nalgas y le clavé mi pija enorme de una sola embestida, escuchando cómo gritaba de placer al sentir cómo mi verga le llenaba hasta el fondo. Follé como un salvaje, embistiendo con fuerza mientras su culo rebotaba contra mí, cada golpe acompañado de un chapoteo de su coño empapado. Sentí sus paredes vaginales apretarme, suplicando que me corriera dentro, y no pude aguantar más. Con un rugido, me vacié entero en su coño caliente, sintiendo cómo su cuerpo temblaba bajo el mío mientras se corría gritando mi nombre. Nos quedamos así un momento, sudados y jadeando, antes de que ella sonriera maldita puta, diciendo que esto era solo el comienzo.