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Chiquita pero con un culo que pide a gritos

10:00 1080P 6 Variados
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Desde que la vio por primera vez en el ascensor con ese vestido ajustado que le marcaba hasta el último pliegue de sus nalgas prietas, no pudo sacársela de la cabeza. Ella lo sabía, cada vez que pasaba a su lado lo miraba con esos ojos de zorra necesitada mientras se mordía el labio inferior, dejando claro que estaba más que lista para que le metieran la verga hasta el fondo. Lo primero que hizo fue empujarla contra la pared del pasillo, arrancarle el sujetador con los dientes y empezar a chuparle los pezones duros como piedras mientras le metía dos dedos en el coño empapado que goteaba sin control. La muy putita gemía como una perra en celo, clavándole las uñas en la espalda mientras le susurraba al oído que le diera duro, que quería sentir su polla bien adentro hasta reventarle las entrañas. Él no se hizo esperar, la levantó en volandas, le separó las nalgas con las manos y se la clavó de una sola embestida que la dejó sin aire, sintiendo cómo su culo apretado lo envolvía como un guante caliente. Las bofetadas en sus nalgas sonaban como latigazos cada vez que la empotraba contra la pared, y el sonido húmedo de sus cuerpos chocando llenaba el aire junto a los gritos agudos que soltaba ella cada vez que la penetraba hasta el fondo. La chica, con las piernas temblorosas y la boca entreabierta, no paraba de repetir que se corría, que no podía más, pero él seguía dándole con más fuerza, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de su verga mientras el líquido caliente le resbalaba por las piernas. Cuando por fin se corrió, fue como un tsunami: ella se deshizo entre gemidos roncos mientras él le llenaba el útero a chorros, dejando marcas blancas en sus muslos internos que poco a poco se mezclaban con el sudor y los fluidos que ya le resbalaban por el culo. No importaba que fuera pequeña, porque en la cama —o contra cualquier pared— esa morra sabía cómo hacer que un hombre se olvidara hasta de su propio nombre.

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