Gigantesca polla negra me rellena toda la coño
Desde el primer segundo que la metió, sentí cómo ese tronco negro me ensanchaba el coño hasta el fondo, quemándome por dentro con cada embestida brutal. La cabeza de esa verga monstruosa rozaba mi barriga cada vez que me empotraba contra el colchón, haciendo que mis tetas gordas rebotaran sin control mientras los gemidos se me escapaban de la garganta entre ahogos. Él no paraba de gruñirle a mi coño mojado, diciéndome que nunca había visto una concha tan apretada y caliente, mientras sus dedos se clavaban en mis caderas para hundirme más fuerte. Yo solo podía arquear la espalda y dejar que ese negro me llenara hasta el útero, sintiendo cómo su leche espesa me inundaba por dentro cuando por fin se corrió a chorros, dejándome la cama toda manchada de crema blanca. La polla le colgaba pesada entre las piernas después, aún goteando mientras me lamía los labios hinchados con la punta, pidiendo más. Me encantó cómo ese cabrón me dejaba el culo bien abierto cada vez que cambiaba de posición, metiéndomela hasta la garganta sin piedad hasta que me atragantaba con su leche. Y aunque al principio me daba vergüenza gritar tan fuerte, al final no me importó nada: solo quería que me follara como a una puta más de su colección, con esa verga que me partía en dos cada vez que se la clavaba hasta las pelotas. Hasta las tetas me temblaban con cada embestida, y el olor a sexo y sudor inundaba la habitación mientras sus pelotas chocaban contra mi culo con un sonido húmedo cada vez que me empalaba sin piedad.