Madrastra cachonda recibe verga negra enorme
Llevaba meses observándola desde el sofá mientras se cambiaba de ropa, sus tetas perfectas rebotando sin pudor y ese culito prieto que no dejaba de tentarme. Hoy la madrastra decidió que no quería más miraditas de reojo, así que me agarró de la polla y me arrastró hasta el dormitorio sin decir ni pío. En cuanto la puerta se cerró, se quitó el short y el tanga empapado se le pegó al coño lleno de jugos, pidiendo a gritos que la llenara de verga negra. Sin perder ni un segundo, me empujó contra la cama y se subió encima con un gemido ronco, agarrándose de mis hombros mientras sus tetas duras rozaban mi pecho. La cabrona cabalgaba como una loca, empalándose hasta las pelotas con cada embestida, haciendo que su coño mojado chorreara jugos por mis muslos. Yo no podía aguantar más, así que la volteé boca abajo y le clavé la polla hasta el fondo, sintiendo cómo su culo prieto se abría para recibirme mientras gritaba como una puta en celo. Ella se corrió primero, temblando y mordiendo la almohada con los dientes, pero yo seguía duro como una roca, así que la volteé de nuevo y la empotré contra el espejo del armario, donde sus tetas rebotaban con cada embestida salvaje. Cuando por fin me corrí dentro de ella, su coño chupó hasta la última gota de mi leche negra, dejando sus piernas temblorosas y su piel cubierta de sudor y saliva. La madrastra se quedó ahí, jadeando y con las piernas abiertas, pidiendo más mientras se limpiaba el coño goteante con los dedos. No hay nada más prohibido ni más excitante que follar a la madrastra con esa verga que parece hacerla perder la cabeza cada vez.