Gwen, la morena que no aguanta más sin follar
Gwen llegó a la oficina con ese cuerpazo de infarto y esa melena negra que le cae hasta la cintura, pero lo que más ponía era su tatuaje en el muslo: un dragón que parecía moverse cuando se ponía las medias ajustadas. Desde que su jefe la contrató como gerente, no podía sacarse de la cabeza cómo le miraba el culo cada vez que pasaba junto a su escritorio, y hoy ya no aguantaba más. Cerró la puerta de su despacho con llave y se quitó el sujetador de encaje negro que llevaba puesto, dejando al descubierto sus pezones duros y su concha ya empapada por la excitación. Él no tardó ni cinco segundos en aparecer, con la polla dura como una roca y los ojos inyectados en lujuria, listo para empalarla contra la mesa de reuniones. Ella gimió fuerte cuando la agarró de las caderas y la clavó contra el borde, sintiendo cómo su verga le abría el coño a lo bestia mientras le susurraban obscenidades al oído. Gwen no pudo evitar arquear la espalda y morderse el labio inferior cuando él le metió los dedos entre los pliegues, comprobando lo mojada que estaba su raja, antes de hundirse hasta las pelotas dentro de ella. Las embestidas eran brutales, cada golpe le hacía rebotar los pechos pequeños y firmes contra el escritorio, mientras que él le apretaba el culo con una mano para clavársela más profundo. Los gemidos de ella se mezclaban con el sonido húmedo de sus cuerpos chocando, y en menos de lo que canta un gallo ambos ya estaban sudando, jadeando y a punto de correrse. Gwen se corrió primero, gritando como una puta mientras su coño se contraía alrededor de la polla gruesa, pero él no se detuvo ahí: la levantó en vilo, la giró y la empotró contra la pared, clavándosela por detrás hasta que ambos explotaron en una corrida intensa que dejó marcas de semen en sus muslos y en el suelo del despacho. Cuando terminaron, ella se quedó jadeando, con el maquillaje corrido y la respiración entrecortada, mientras él le lamía los pezones antes de vestirse y marcharse como si nada, dejando atrás a Gwen con las piernas temblorosas y el coño goteando.