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Hermana de leche grita al ser empalada sin piedad

15:12 720P 3 Culos Grandes
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Estúdio Misty Queen

Esa maldita bruja de ojos miel y pelo azabache llevaba semanas insinuándose con ese culito redondo que se le marcaba bajo los leggings ajustados, mordiéndose el labio cada vez que yo pasaba frente a su habitación. Hoy no pudo resistirse: la vi tirada en su cama con un vestido tan corto que dejaba ver hasta el encaje mojado de su tanga, y supe que esta vez no habría perdón. Me lancé sobre ella como un animal, arrancándole la ropa a tirones hasta dejarla en pelotas, con aquellos pechos firmes rebotando mientras gemía con voz de puta necesitada. Me agarró la polla como si fuera su salvación y se la metió hasta la garganta, ahogándose con cada embestida mientras su saliva resbalaba por mi verga bien dura. La empujé contra el colchón y le levanté las caderas como si pesara menos que una pluma, clavándole el glande en su coño empapado que chorreaba por los nervios. Ella chilló como una perra en celo, arañándome la espalda mientras le partía el culo a lo bestia en esa postura de perrito que tanto le pone, sintiendo cómo su interior se contraía cada vez que la empotraba hasta el fondo. 'No pares, cabrón, métemela más fuerte', jadeó con la voz temblorosa, mordiendo la sábana mientras yo le azotaba las nalgas hasta dejárselas coloradas. Sentí cómo su coño se contraía como un torno alrededor de mi miembro, anunciando que ya no aguantaba más, así que la levanté como a una muñeca y la senté sobre mi regazo, guiando esa polla enorme hasta su raja para que se lo follara al ritmo que yo quería. Cada subida y bajada de su culo redondo me hacía ver estrellas, con sus tetas botando salvajemente mientras gritaba que se corría, y entonces fue cuando no pude más: le llené el coño hasta el cuello con chorros gruesos de leche caliente que le resbalaron por los muslos mientras ella se sacudía como poseída, dejando manchas blancas en la sábana y jadeando como si se ahogara. Cuando por fin recuperó el aliento, se limpió los restos de corrida de la entrepierna con los dedos y se los chupó con una sonrisa de zorra satisfecha, susurrándome que esto no acababa aquí.

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