Hija política me lava el auto desnuda y se la clava
Él estaba terminando de enjabonar el auto cuando la vio aparecer por la ventana de la cocina, con ese body ajustado que le marcaba cada curva del culo prieto y las tetas grandes rebotando al caminar. Al principio pensó que era una alucinación por el calor del verano, pero no, era su hijastra de dieciocho años, mordiéndose el labio inferior mientras se quitaba el top mojado que le pegaba al cuerpo como una segunda piel. Él dejó caer la esponja al suelo cuando ella se acercó, deslizando las manos por su pecho sudoroso hasta agarrarle la polla dura que ya le marcaba el pantalón corto, gruesa y palpitante bajo sus dedos. Ella se arrodilló en el concreto caliente, sin importarle las piedritas que le clavaban en las rodillas, y se tragó toda su verga hasta la garganta con un gemido ahogado, chupando con avidez mientras él le agarraba el pelo enredado y le embestía la boca sin piedad. Cuando por fin la sacó, jadeante y con babas colgando de sus labios, ella se levantó de un salto, se quitó el short y se sentó a horcajadas sobre él en el capó del auto, sintiendo cómo su coño empapado y caliente se frotaba contra su pubis mientras él le apretaba las tetas enormes y le mordisqueaba los pezones duros como piedras. La hija política lo cabalgó con fuerza, haciendo que el auto crujiera bajo sus culos desnudos, cada embestida profunda le arrancaba gritos de placer mezclados con los sonidos húmedos de sus cuerpos chocando. Él la volteó contra el capó, le separó las nalgas con las manos y se enterró en su culo prieto sin avisar, sintiendo cómo el coño le goteaba entre las piernas mientras los dedos de ella se aferraban al metal frío para no resbalar. Entre gemidos roncos y empujones brutales, él le llenó la boca de polla hasta hacerla atragantarse, luego le dio la vuelta y se la empotró de pie contra la pared del garaje, levantándole una pierna para llegar más hondo mientras ella se corría en espasmos, escupiendo leche por todas partes entre sus tetas y el vientre plano. Cuando por fin se vaciaron, él le dejó caer gotas de semen en la espalda sudorosa mientras ella se limpiaba el coño mojado con el short rasgado, jadeando y sonriendo con esa maldita mirada de puta satisfecha que lo volvió a poner duro en segundos.