Kiki Daire le ordena a su quarterback que le chupe el coño
Eran las cinco de la tarde cuando la dueña del equipo, Kiki Daire, entró al vestidor con esos tacones que hacían crujir sus nalgas carnosas contra el cuero. Tú eras el quarterback estrella, Gunnar, y ella ya te había visto moverte en el campo, pero ahora quería ver cómo te movías bajo sus órdenes. Se sentó en el banco con las piernas bien abiertas, mostrando ese coño rosado y mojado que pedía a gritos tu lengua. 'Arrodíllate y lámelo como si tu vida dependiera de eso', te dijo mientras te agarraba del pelo y te empujaba hacia su entrepierna. Sientes cómo su humedad se adhiere a tu boca, cómo sus gemidos se vuelven más intensos a cada lamida, cómo sus uñas se clavan en tu espalda cuando la haces llegar al orgasmo. Pero ella no se conforma con eso: te obliga a ponerte de pie, te baja el pantalón y te ordena que le empotres ese culazo que rebota con cada embestida. Escuchas el sonido de sus nalgas golpeando contra tus caderas, ves cómo su boca se abre en un grito de placer cuando la penetras hasta el fondo. Kiki te domina, te usa, te hace suplicar por permiso para correrte, pero ella decide cuándo y dónde. La próxima vez, promete, será aún más dura, porque a una puta como ella no le basta con un solo round.