Masajista latina se deja empotrar en perrito después
Llegó a darle un masaje relajante con esos culos redondos que se le marcaban bajo la bata, pero al ver cómo se le tensaban los músculos al apretar los glúteos la polla del tipo se le puso más dura que un fierro. Sin pensarlo dos veces, le agarró el culo con ambas manos y le hundió la verga entre sus nalgas prietas, haciendo que la latina soltara un gemido ahogado mientras su coño se le empapaba en segundos. Ella arqueó la espalda y le pidió que la empotrara más fuerte, sintiendo cómo cada embestida le llegaba al fondo del útero mientras su culo bailaba al ritmo de los golpes. El tipo, sin piedad, le agarró las caderas y le clavó la polla hasta las pelotas, haciendo que su tanga se le hundiera en la raja del culo mientras sus tetas rebotaban sin control. La latina gritó de placer cuando sintió que él se corría dentro, llenándole el coño de leche espesa mientras su cuerpo temblaba bajo las embestidas finales. Después, jadeando y con el culo enrojecido, se dejó caer sobre la camilla, sintiendo cómo el semen le resbalaba por los muslos mientras la bata se le pegaba a la piel sudada. Él, aún con la respiración agitada, le susurró al oído que no se moviera, que quería repetir la follada en cuanto se le bajara la verga, mientras sus dedos jugaban con la humedad que le chorreaba entre las piernas.