Verga latino grosa empotra culona novata hasta gritar
Desde que la vio por primera vez en el ascensor con ese vestido ajustado que le marcaba el culo prieto y las tetas que rebotaban con cada paso, no pudo sacársela de la cabeza. La morena de curvas exuberantes, con los labios pintados de rojo y las uñas pintadas de negro, se dejó caer contra la pared del pasillo cuando él le agarró el pelo mojado de sudor y le metió la lengua hasta la garganta. El muy cabrón no tuvo piedad: le bajó el short de lycra rosado de un tirón, dejando al aire ese coño depilado que olía a sexo fresco y a hembra excitada. Ella jadeó cuando le clavó la polla gruesa entre las nalgas, sintiendo cómo se le abría el culo a cada embestida brutal, el sonido de los huevos golpeando contra su carne vibrante llenando el cuarto. La novata gritó cuando la empaló contra el espejo del baño, sus tetas enormes temblando como gelatina con cada envite, los pezones duros como piedras rozándole el pecho sudado. Él le escupió en el coño mojado antes de hundirse hasta las bolas, haciéndola arquear la espalda hasta casi romperse, los muslos temblorosos de tanto placer prohibido. Cuando por fin le soltó el pelo para agarrarle las caderas y clavársela hasta el fondo, ella se corrió con un chorro caliente que le resbaló por los muslos, gimiendo como una puta sin control mientras él le llenaba el coño de leche espesa sin dejar de mover las caderas con saña. El espejo se empañó con el vapor de sus cuerpos sudados, el olor a sexo crudo y a hembra satisfecha flotando en el aire mientras él le susurra al oído que no se la sacaría hasta dejarla bien marcada por dentro. La morena, con las piernas temblorosas y el culo rojo de tanto golpe, solo atinó a morderle el hombro y a gemirle que no parara, que la quería toda destrozada y llena de su leche espesa.