La princesa del sex shop se venga con su culo y tetas
Esa tarde en el almacén, después de pillarlo con otra, supe que mi venganza sería lenta y húmeda. Me puse el vestido más ajustado, el que le volvía loco, y cuando entró a buscarme, ya estaba lista: las tetas rebosando por el escote, el culo apretado marcándose bajo la tela, y el coño chorreando de anticipación. Lo arrastré hasta el almacén, donde nadie nos escucharía gemir, y lo obligué a arrodillarse frente a mi entrepierna. 'Chúpame como si fuera la última vez', le ordené, y su lengua no tardó en hundirse en mi carne mojada. Mientras me devoraba, le agarré la polla dura y la guíe hasta mi culo, que ya ardía de ganas. 'Métela entera de golpe', le exigí, y con un gruñido, me empotró hasta hacerme gritar. Cada embestida era un castigo, cada gemido suyo una victoria mía. Cuando ya no aguanté más, lo obligué a correrse dentro, marcándome como suya otra vez. '¿Te gusta mi coño ahora que es tuyo otra vez, cabrón?', le susurré al oído mientras su leche goteaba por mis muslos. 'Sí, joder, es mío', gruñó él, y yo sonreí, sabiendo que esta vez el juego lo gané yo.