Madrastra en tanga se corre con hijastro bien duro
Llevaba días sintiendo su mirada clavada en el culo cada vez que subía las escaleras con el tanga de encaje negro que me había comprado solo para él. La tela fina apenas cubría mis nalgas redondas cuando me agaché a recoger un trapo del suelo y noté cómo su polla ya se le marcaba dura bajo el pantalón del pijama. Me erguí despacio, mordiéndome el labio inferior mientras sus ojos devoraban mis tetas enormes que casi se me salían del sujetador de encaje. Sin decir ni una palabra, me acerqué y le agarré el bulto por encima del pantalón, notando cómo crecía bajo mis dedos con cada gemido que se le escapaba. '¿Te gusta ver cómo me toco, guarro?' le susurré al oído mientras me bajaba las bragas y me frotaba el coño empapado frente a él. El hijastro no pudo aguantar más y me empujó contra la pared de la cocina, arrancándome el tanga de un tirón mientras su verga gruesa y venosa se hundía en mi concha sin piedad. Las embestidas eran brutales, su cadera chocando contra mi culo gordo con un sonido húmedo y obsceno que llenaba la casa. Yo gritaba como una puta cualquiera, arañando la mesa mientras él me llenaba de leche espesa, su corrida caliente goteando por mis muslos después de correrse tres veces seguidas. Los moretones en mis tetas y el olor a sexo inundando el aire dejaron claro que esta no sería la última vez que me empotrara contra cualquier superficie de la casa. Su verga enorme dentro de mi coño mojado, mi clítoris hinchado de tanto follar, y su leche escurriendo por mis piernas... definitivamente habíamos cruzado la línea roja para siempre.