MILF de tetas grandes se deja destrozar por una polla enorme
¡Cállate, que alguien puede escucharnos! susurré mientras me agarraba las tetas y empujaba mi coño contra esa verga monstruosa. Llevaba días fantaseando con el vecino de al lado, un tipo con una polla que parecía no tener fin, y ahora que por fin lo tenía entre mis piernas, no podía creer lo bien que me llenaba. Cada vez que me empotraba contra la pared, mis tetas rebotaban como gelatina, y el sonido de nuestros cuerpos chocando me ponía más caliente. ¡Dios, qué rico! gemí en voz baja, mordiendo mi labio para ahogar los gritos. El riesgo de que su esposa entrara en cualquier momento solo me excitaba más, y por eso movía mis caderas con más fuerza, sintiendo cómo esa polla me abría de par en par. Cada embestida me hacía gemir más fuerte, y aunque intentaba contenerme, no podía evitar que los sonidos escaparan de mi boca. ¡Métemela más duro! le rogué entre dientes, sintiendo cómo mi coño se apretaba alrededor de su verga. El sudor me corría por la espalda, y el sonido de sus pelotas golpeando mi culo me volvía loca. Sabía que si alguien nos pillaba, estaríamos jodidos, pero no podía parar. ¡Me corro, me corro! grité en un susurro ahogado, sintiendo cómo mi cuerpo se tensaba antes de que su leche caliente me llenara hasta el fondo. Cuando terminamos, mi tanga estaba tirado en el suelo, empapado y hecho jirones, y en mi muslo había una mancha blanca que delataba lo que acabábamos de hacer.