Subaru y Pandora se entregan a un polvo salvaje lleno de gemidos
Subaru no podía sacarse de la cabeza el cuerpo de Pandora desde que la vio con ese vestido ajustado, sus curvas perfectas marcadas como si alguien las hubiera dibujado para él. Cada vez que la miraba, su polla se ponía más dura, imaginando cómo sería meterse entre esas piernas abiertas y sentir su coño bien mojado. Un día, cuando se quedaron solos, la agarró de la cintura y la empujó contra la pared, sus manos apretando sus nalgas mientras sus lenguas se enredaban en un beso caliente. Pandora gimió fuerte cuando sintió la polla enorme de Subaru rozando su clítoris, sus uñas clavándose en su espalda mientras él la levantaba para empotrarla contra la pared, sus embestidas profundas haciendo que su coño chorreara de excitación. No aguantó mucho, porque Subaru la penetró con tanta fuerza que sus tetas rebotaban con cada movimiento, sus gemidos se mezclaban con los gruñidos de él hasta que explotó en un orgasmo intenso, su corrida caliente llenándole el coño mientras ella no paraba de gemir como una puta. Al terminar, los dos cayeron al suelo, sus cuerpos sudorosos y agotados, pero ya planeando la próxima vez que se volverían a follar como animales.