Manga erótica con Minerva follada por Sting
Minerva lleva su vestido ajustado de colegiala que le marca cada curva mientras Sting, con esa sonrisa pícara que le sale hasta en sueños, no para de mirarle el escote cada vez que se agacha a recoger el lápiz que se le cayó al suelo. Ella se da cuenta y, en lugar de apartarse, se humedece los labios con la lengua lenta y juguetona mientras él le susurra al oído que se quite las bragas sin hacer ruido, que la quiere con el coño empapado y las piernas temblorosas. Minerva obedece sin dudar, sintiendo cómo el aire frío le eriza la piel al quedarse en tanga frente a él, que ya le está bajando la cremallera del vestido con los dientes mientras le muerde el hombro con fuerza. Él le agarra las tetas por encima del sujetador de encaje y se las aprieta hasta que ella gime con la boca entreabierta, pidiéndole a gritos que le meta la polla dura por donde más le duele, que la folle como una puta barata en el suelo de la habitación. Sting no se hace rogar: la empuja contra la pared con un empujón que le hace chocar los pechos contra el yeso, le baja el tanga de un tirón y se la clava de una sola embestida que le hace gritar como una loca mientras los muebles crujen bajo el peso de sus cuerpos sudados. Ella le araña la espalda con las uñas mientras él le levanta una pierna y se la embiste más profundo, haciendo que el coño le chupe la polla con cada golpe hasta que Minerva empieza a temblar como un flan y se corre gritando su nombre con la boca llena de babas. Sting no aguanta más: le agarra la cabeza y se la mete en la boca hasta la garganta, ahogándola con su leche espesa mientras ella traga cada gota sin dejar ni una gotita, con los ojos llorosos y los labios brillantes por el semen que le resbala por la barbilla. Minerva se deja caer al suelo, exhausta pero con una sonrisa pícara, mientras Sting se queda mirándole el coño hinchado y brillante, preguntándose cuándo podrá volver a repetir el mismo número sin que ella se le escape de las manos.