Morenas calientes gimiendo en la oficina prohibida
Te voy a contar cómo fue cuando mi compañera de trabajo, esa morena de culo respingón y labios carnosos, me susurró al oído: 'Si nos pillan, será más excitante'. Era mediodía, la oficina casi vacía, pero el riesgo de que alguien entrara nos ponía más calientes. Empezó con miradas furtivas mientras tecleaba, luego su mano rozó mi muslo bajo el escritorio, y no pude evitar que mi polla se endureciera al instante. 'Aquí no', le dije en un susurro, pero ella ya estaba de rodillas, desabrochándome el pantalón con dedos ávidos. Su boca caliente me envolvió, chupando con fuerza mientras sus uñas se clavaban en mis muslos. Gemí ahogado, tapándome la boca con la mano para que no nos escucharan en el pasillo. Cuando la levanté y la senté sobre mi regazo, su coño ya estaba mojado, resbaladizo, y la penetré de una estocada que la hizo morderme el hombro para ahogar un grito. Cada embestida la hacía apretarse más contra mí, su culo perfecto rebotando mientras sus gemidos se volvían más desesperados. 'Más duro', me rogaba, y le di lo que pedía, empujando hasta que sus muslos temblaban. El sonido de la puerta del ascensor nos paralizó por un segundo, pero seguimos, más rápido, más salvaje, hasta que me corrí dentro de ella con un gruñido sordo. Cuando se bajó, sus piernas flaqueaban, y en ese momento entró el jefe. Ella se ajustó la falda con una sonrisa inocente, pero yo sabía que sus bragas estaban empapadas.