Petite brasileña con tres pollas empalando su culito
La morena de cadera estrecha y piel de ébano no podía aguantar más las ganas de sentir tres vergas clavándosele a la vez, así que se quitó el tanga de encaje negro que apenas tapaba su coño mojadísimo y se dejó caer de rodillas frente a los tres machos que la miraban con las pollas palpitantes. La primera polla negra, gruesa como un puño, le abrió los labios del coño de un golpe seco mientras ella chillaba con los ojos desorbitados, sintiendo cómo el glande le rozaba el útero con cada embestida. Enseguida la segunda verga, más corta pero con venas marcadas que le azotaban el clítoris como un látigo, le hizo arquear la espalda mientras gemía suplicando que la llenaran por completo. Pero el verdadero espectáculo comenzó cuando el tercero, un monstruo de carne rosada con un glande violáceo, le metió la gruesa cabeza por el culo sin piedad, estirándole el agujero hasta hacerla gritar como una posesa entre espasmos de dolor y placer. La brasileñita, con los tacones clavados en el suelo y los pechos pequeños rebotando sin control, no paraba de chupar y mamar mientras las pollas le entraban y salían del coño y el culo a la vez, dejando un rastro de babas y fluidos resbaladizos que le empapaban las piernas. Los gruñidos guturales de los tres tipos mezclados con sus gemidos agudos llenaban la habitación mientras ella, convertida en un saco de carne humana, no podía más que dejarse usar como la puta en celo que era, con el culo bien abierto para recibir cada empotre brutal. El olor a sexo, sudor y crema de excitación lo impregnaba todo mientras las venas de las pollas latían al unísono contra sus paredes internas, como si quisieran marcarla por dentro. Cuando la morena sintió que los tres chorros calientes le llenaban el vientre a la vez, se corrió con un espasmo tan fuerte que casi se desmaya, con los muslos temblando y la boca llena de leche espesa que no paraba de escupir entre tosidos. Lo peor es que, incluso así, los machos no se detuvieron: siguieron metiéndole las pollas hasta que, exhausta pero satisfecha, la brasileñita se dejó caer contra el suelo, con las piernas abiertas y el coño y el culo goteando semen por todos lados.