Puta trans con culo enorme se empala en la barra
Llevaba días obsesionado con ese culazo que se le marcaba bajo el vestido ajustado, cada vez que pasaba por la calle la veía retorcerse de placer al caminar. No pudo resistirse más y la abordó con un par de frases bien dichas que la hicieron sonreír con malicia, sabiendo que era suya en ese instante. La morena se quitó el top sin pudor y dejó caer sus tetas enormes que botaban al compás de sus respiraciones entrecortadas mientras él le agarraba el pelo y le metía la polla hasta el fondo sin miramientos. El sonido de los jadeos mezclado con los golpes de carne contra carne llenaba el callejón, el coño empapado de la trans chorreaba por la barra mientras él la empotraba contra la pared, clavándole la verga hasta hacerla gritar como puta en celo. Cada embestida le arrancaba un gemido ronco que resonaba en las paredes, sus nalgas carnosas temblaban con cada embestida brutal que le arrancaba chorros de leche por la espalda. Él le agarró las tetas como si fueran melones y le mordió el cuello, sintiendo cómo el sudor le resbalaba por la piel aceitosa mientras su coño se contraía como loca alrededor de la polla monstruosa que la estaba destrozando. Ella se corrió primero, chorreando jugos por toda la barra y gritando obscenidades en portugués mezcladas con gemidos guturales, pero él no aflojó ni un segundo, seguía metiéndosela como si no hubiera mañana. Cuando sintió que iba a explotar, la sacó de golpe y le escupió en la boca abierta, ordenándole que se la chupara bien sucia antes de volver a empalarla con un rugido. La corrida final fue épica, la polla se hinchó como un tronco dentro de su coño estrecho y la llenó de leche caliente hasta que le goteó por las piernas, dejándola hecha un trapo mojado y satisfecho al mismo tiempo.