Travesti tailandesa con tetas de silicona follada
Llegó del bar de Bangkok con las tetas de silicona rebotando bajo su blusa ajustada y el culo prieto apretando un tanga de encaje negro que ya estaba empapado de su excitación. El cliente no podía quitarle los ojos de encima cuando se sentó en su regazo, frotando su entrepierna contra la verga gruesa que se le marcaba bajo la tela del pantalón, haciendo gemir a la travesti con voz de falsete mientras sus pezones duros se le clavaban en el pecho. La punzada en el culo cuando él le agarró las nalgas con fuerza para empotrarla contra la pared del callejón fue brutal, pero ella solo abrió más las piernas y le suplicó que le metiera la polla hasta el fondo, que quería sentirla estirándole el agujero bien abierto. Cuando por fin la penetró de una sola embestida, la travesti chilló como una perra en celo, con los dedos clavados en los hombros del tipo mientras su coño se contraía alrededor de la verga que le llenaba el culo hasta el límite. Él no tardó en agarrarla del pelo y empezar a embestirla como un animal, con los huevos golpeándole el clítoris cada vez que se la metía hasta las bolas, haciendo que a ella se le saltaran las lágrimas de placer mientras sus tetas de silicona se movían como gelatina en cada empujón. La travesti gemía cada vez más fuerte, pidiendo más verga, más profundo, que no parara hasta que se corriera dentro de ella, y él, excitado como un cerdo, no pudo resistirse: la levantó en vilo y la empotró contra el suelo, clavándosela con tanta fuerza que el sonido de carne contra carne resonaba en todo el callejón. Cuando por fin se corrió, la travesti se deshizo en un orgasmo que le mojó el tanga y le dejó las piernas temblando, con la polla del tipo aún dura dentro de ella, goteando leche caliente que le resbalaba por las nalgas mientras ambos jadeaban sin aliento, exhaustos pero con ganas de más. La travesti tailandesa, con su cuerpo esquelético y esas tetas artificiales que brillaban bajo la luz de neón, no pudo evitar reírse mientras se limpiaba el culo con el dinero que el cliente le había dado, sabiendo que volvería a buscarla en cuanto tuviera otra noche libre.