Putas con tetas al descubierto en eu nunca por no dejarlo correrse
La Jenni y el Macettare llegaron al set con esa cara de viciosos que no aguantan ni un segundo más sin soltar el animal que llevan dentro. Ella se quitó la blusa de golpe y le mostró esas tetas duras y redondas, perfectas para que él se las chupara sin piedad mientras le apretaba el culo con las dos manos para sentirla más cerca. El Digão, que ya venía con el pinga dura como piedra desde que la vio en ropa interior, no pudo resistirse y le metió los dedos por el short ajustado hasta notar lo empapada que estaba su conchita, lista para ser empalada sin miramientos. Los tres se enredaron en el suelo del estudio, revolcándose entre gemidos y risas sucias, mientras ella se agachaba para lamerle el tronco desde la base hasta la punta antes de tragárselo entero con esos labios carnosos que tanto le gustaban a él. Macettare le agarró la cabeza con fuerza y le clavó la verga hasta la garganta, haciéndola toser mientras le escupía saliva babosa que le resbalaba por el cuello y le dejaba marcas rojas de los mordiscos que ella le devolvía con saña. El Digão, que no quería quedarse atrás, se tiró encima de la Jenni y le levantó las piernas en alto para hundirle la polla hasta el fondo, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de su miembro cada vez que él la embestía con fuerza, produciendo ese sonido húmedo y obsceno de carne chocando contra carne. Ella no paraba de gritar que quería más, que la llenaran toda, que le reventaran el culo si hacía falta, mientras Macettare le escupía en el culo y le metía los dedos para abrirle el agujero antes de clavarle la verga sin compasión, haciendo que la pobre se retorciera de placer y dolor al mismo tiempo. Los tres terminaron corriéndose al mismo tiempo, con chorros gruesos de leche caliente llenándoles la boca, el coño y el culo, manchando sábanas, piel y hasta el pelo de la Jenni, que no paraba de gemir con la voz ronca de tanto gritar. El olor a sexo, sudor y corrida inundó el cuarto mientras se dejaban caer los tres sobre el colchón, jadeando como animales satisfechos, con las tetas de ella aún al aire y el culo marcado por los azotes que le habían dado entre risas y empujones. Seguro que después de esto a los tres les costó caminar derecho, pero a nadie le importó porque el objetivo ya estaba cumplido: follar sin límites hasta que el cuerpo no diera más.