Yulia Hot333 mea sobre su esclavo en una sesión de dominación extrema
“¿Te gusta mi pis, perrito?”, le pregunté mientras mi chorro dorado le bañaba la cara. Mi marido, el pobre esclavo, estaba arrodillado frente a mí, temblando de excitación mientras mi vejiga se vaciaba sobre su lengua ansiosa. No era la primera vez que lo humillaba así, pero hoy había algo diferente: su polla estaba más dura que nunca, latiendo como si fuera a explotar. Me encantaba verlo sufrir, ver cómo se retorcía de placer mientras mi pis le resbalaba por el pecho. Decidí llevarlo al límite, obligándolo a tragar cada gota hasta que no quedó nada. Luego, me senté en su cara, aplastando su nariz contra mi coño recién depilado, sintiendo cómo su lengua se hundía en mi carne mojada. El muy cerdo gemía como un animal en celo, y yo solo podía reírme de su sumisión. Cuando terminé, mi marido estaba cubierto de mi pis, con la polla más dura que nunca, pero sin permiso para correrse. Lo dejé ahí, temblando, mientras yo me limpiaba con su propia camisa. Su mirada de frustración fue mi mejor recompensa.