Agente pervertido empotra a Monica Sage sin piedad
Monica Sage ya venía coqueteando con el uniforme desde hacía semanas, mostrando esos pechos bien firmes cada vez que pasaba por la comisaría con ese escote que le llegaba al ombligo. El agente no pudo resistirse más y la llevó al calabozo tras inventarse una multa por exceso de velocidad, pero en realidad era su polla la que llevaba el control. Cuando cerró la puerta, Monica se le lanzó encima mordiéndole el labio inferior mientras le desabrochaba el cinturón con manos temblorosas de lujuria. Él la empujó contra la pared, le arrancó el tanga negro que apenas le cubría el coño empapado y le escupió en el culo antes de empalarla con un primer envite que la dejó sin aliento. Monica gritó como una puta en celo, con los muslos temblando mientras sus tetas rebotaban al ritmo de cada embestida brutal que le dejaba el coño más mojado de lo que nunca había estado. El agente le agarró el pelo con fuerza, le obligó a arquear la espalda y se la folló hasta que le dolieron las pelotas de tanto golpearle el culo prieto y redondo. Ella no paraba de gemir, suplicando más con cada embestida salvaje, mientras le chupaba los huevos y se corría en la polla gruesa que le reventaba por dentro. Cuando el agente sintió que su corrida estaba a punto de explotar, la levantó en vilo, la sentó sobre el escritorio y se la clavó hasta el fondo, obligándola a tragarse cada gota de leche espesa que le brotó por la garganta mientras Monica se corría otra vez, esta vez con los muslos llenos de su propio jugo. El calabozo quedó hecho un desastre con sus jadeos, los gemidos ahogados en la almohada improvisada y el olor a sexo picante que inundó el aire por horas.