Chupada brutal con lagrimeo y polla hasta la garganta
La morrita tatuada y emo se agarraba la melena oscura mientras la polla gruesa le entraba hasta el fondo de la garganta, ahogándose en babas y gemidos roncos que le salían del pecho. Cada embestida le hacía saltar las lágrimas, pero no paraba de chupar con avidez, con los cachetes hundidos y la lengua pegada al tronco duro como una losa. Llevaba un piercing en el labio y los tatuajes de arañas negras le cubrían los brazos pálidos, mientras se retorcía con los muslos temblorosos y el coño empapado frotándose contra el borde del sofá. El vibrador rojo que tenía en la mano izquierda no servía de nada: la tenía tan mojada que le corría por las nalgas redondas y tatuadas. Entre sollozos y arcadas, le escupía en la polla hinchada antes de volver a tragársela entera, con la nuez bailándole en la garganta cada vez que el glande le rozaba el paladar. El piercing de la lengua le rozaba el frenillo sin piedad, y las venas marcadas de la verga le dejaban marcas rojas en los labios agrietados. No era su primera vez con un palo así, pero sí la más intensa: los tatuajes de calaveras en sus hombros temblaban cada vez que se la clavaba hasta la garganta, haciendo que los gemidos se le mezclaran con los mocos que le caían por la nariz. Cuando por fin se corrió, le llenó la boca de leche espesa que le resbaló por la barbilla mientras se ahogaba, con los ojos inyectados en sangre y los labios pintados de rojo por el esfuerzo. Se limpió con el dorso de la mano y se lamió los restos de corrida de los dedos, mirándolo con una sonrisa pícara antes de volver a engullirla, esta vez sin lágrimas, solo con la necesidad de que le empalara la garganta una y otra vez hasta dejarla sin voz.