Culo rosado en mi cara follada sin piedad
Lleva las gafas puestas y me mira con esos ojos negros que prometen puro fuego mientras se quita el tanga negro sin prisa, dejando al descubierto un culito prieto y bien depilado que ya me está volviendo loco. No espera a que le pida nada, se sienta directamente encima de mi cara, aplastando su coño mojado contra mi boca mientras me agarra del pelo con fuerza para que no me mueva. Siento el olor a hembra excitada invadir mis fosas nasales y el sabor dulce de su miel en la lengua mientras ella empieza a frotarse sin compasión, empapándome la cara con sus jugos. Las gafas se le empañan con su aliento caliente y los gemidos roncos que escapan de su garganta suenan como música perversa, avisándome que esto va a ser más intenso de lo que imaginaba. Me clava el culo en la cara sin piedad, ahogándome entre sus nalgas mientras me obliga a lamerle el coño con movimientos bruscos, como si yo fuera su juguete personal. Sus muslos me aprisionan la cabeza mientras me muevo la cara contra su piel, sintiendo cada pliegue, cada temblor de su cuerpo al borde del éxtasis. Las gafas se le resbalan por la nariz sudorosa pero ni se inmuta, sigue cabalgando mi boca con saña, exigiendo que le chupe el clítoris hasta dejarla temblando. El sonido de su coño chorreante mezclado con mis jadeos ahogados llena la habitación mientras ella me usa sin remordimientos, empujando su trasero contra mi lengua hasta que ya no puedo respirar. Me ordena que huela su aroma a hembra caliente y no puedo evitar gruñir de placer al inhalar ese perfume salvaje que me vuelve loco, sintiendo cómo mi propia polla se endurece sin control. Al final, cuando ya estoy empapado de sus jugos y con la cara completamente roja por la presión, se corre gritando mi nombre con voz ronca, dejando caer su peso sobre mí mientras su coño late contra mi boca sin piedad. Todavía jadea cuando se levanta, dejando un rastro de sus fluidos en mi mentón y una sonrisa de satisfacción mientras se ajusta las gafas con aire de superioridad, como si yo fuera solo un objeto más para su placer.