Domina de pelo negro domina a su esclavo con mamada bruta
La morena de tetas caídas y piernas largas lo mira con esos ojos de perra en celo mientras le ordena con voz de acero que se arrodille frente a su coño empapado. Él, sudando la gota gorda, obedece al instante, sintiendo cómo el cuero de sus medias negras le rozan las rodillas mientras se agacha servil. Ella le agarra la polla flácida con dedos firmes, pero no por mucho tiempo: con un tirón seco se la pone dura como una piedra y se la lleva a la boca con un gemido animal. La morra no pierde tiempo y empieza a chupársela con saña, metiéndosela hasta la garganta y dejando que la babaza le resbale por la barbilla mientras le escupe obscenidades al oído: 'A ver si esta vez aguantas más que cinco minutos, putito'. Él jadea con los ojos en blanco, sintiendo cómo los huevos le pesan cada vez que ella le masajea la base con la lengua, lamiéndole hasta el prepucio mientras sus tetas blandas le golpean la cara. De repente, la domina lo empuja contra el suelo, le ata las muñecas con sus ligas y le exige que le lama el coño por detrás, con la cara bien hundida en su raja mientras sus nalgas carnosas le tapan la nariz. Él no se queja, solo obedece con la lengua bien afuera, saboreando el jugo pegajoso que le chorrea entre los labios mientras ella le monta la cara como si fuera un caballo. Cuando ya no aguanta más, la morra se sienta sobre su pecho y le exige que le masturbe las tetas colgantes mientras le escupe en la boca, ordenándole que se corra sobre sus muslos antes de que ella le dé el permiso. Él no puede más, siente cómo el semen le quema por dentro y se corre a chorros sobre su barriga, mientras ella ríe con malicia y le limpia los restos con los dedos para metérselos después en la boca como castigo. 'Así se hace, perrito', le susurra al oído mientras le da una palmada en el culo enrojecido, dejándolo tirado en el suelo con la polla flácida y el alma destruida.