Dos zorras de tetas grandes se follan al conejo pascual
Las dos putas llegaron con la falda de red subida hasta la cintura y los pechos casi desbordando el sujetador negro de encaje que les apretaba hasta hacerles gemir de lo excitadas que estaban. No necesitaron ni un minuto para arrancarle el disfraz al conejo y dejarlo tieso como un palo, con la polla palpitando entre sus dedos mientras le susurraban al oído lo que le iban a hacer. Una le clavó los tacones en las nalgas mientras la otra le chupaba la punta como una loca, lamiendo cada vena hasta que el conejo no pudo más y la empujó contra la cama para empotrarla sin piedad. La de tetas más gordas se arqueó con un grito ahogado cuando sintió el primer envite, sintiendo cómo le llenaba por completo el coño mojadísimo mientras sus amigas le agarraban los muslos para que no se moviera. El conejo no se detuvo ni un segundo, embistiéndola con fuerza desde atrás mientras con una mano le masajeaba el culo hasta dejarlo bien abierto, preparando el terreno para lo que venía. La otra puta se tiró al suelo y se tragó la polla entera sin respirar, con los ojos llorosos por el esfuerzo pero sin soltar ni un milímetro hasta que el conejo le llenó la boca de leche espesa y caliente. Entre gemidos y maldiciones, las dos se turnaron para cabalgarlo como si no hubiera un mañana, la de tetas grandes montándolo a horcajadas mientras la otra le lamía los huevos y le metía los dedos en el culo hasta hacerle gritar. Cuando el conejo sintió que ya no podía aguantar más, las agarró a las dos por el pelo y las empaló una detrás de la otra, sintiendo cómo los coños bien abiertos se le aferraban a la polla como si fueran dos guantes ajustados. Las corridas fueron tan intensas que las putas acabaron cubiertas de semen por todas partes, con los tacones resbalando en los charcos de leche que se escurrían entre sus piernas mientras seguían moviéndose como si no hubiera terminado. Al final, las dos se dejaron caer sobre las sábanas revueltas, jadeando y con las bocas llenas de restos de corrida, mientras el conejo se reía satisfecho sabiendo que esa pascua iba a quedar en sus memorias para siempre.